NahuelSotelo

NahuelSotelo 25 de Octubre de 2017

La vida pasa, la vida sigue, la vida va...


Como se nos pasa la vida, como añoramos cada día el tiempo pasado. Todos comenzamos entre pañales sucios y olorosos, algunos recordaremos a nuestra madre cantando canciones de cuna, canciones para despertarnos, para que vayamos a bañarnos y así, para cada acción de nuestra vida en esos primeros momentos. Entre juguetes, juegos y andadores la infancia se nos va pasando. Empezamos a caminar, son nuestros primeros pasos, señal de que haremos nuestras primeras travesuras, tan inocentes como sin malas intenciones. Pero es donde recibimos nuestros primeros retos, gritos y castigos. Luego, empezamos hablar, con nuestras palabras, llegan también nuestros primeros grandes caprichos, y las amenazas de irnos de casa cada vez que mamá no nos daba el postre o nos peleábamos con nuestros hermanos mayores.

Esas acciones son las que le dan el paso y la bienvenida a nuestra niñez. Llegamos al jardín, y entre abecedarios, palabras con "A" araña, "B" Boca, y así, nuestro léxico se va enriqueciendo y vamos aprendiendo, cuentos de por medio, vamos cerrando esa etapa, etapa de una edad tan hermosa como extrañable.

Pero la vida pasa, la vida sigue, la vida va...

Y estamos ahí, en nuestro colegio primario, nuestras primeros seños, aquellas confusiones de decirles "mamá" a nuestras maestras. En ese momento aparece ese amigo con el que pasas más tiempo que con tu familia, se convierte en el receptor de todos tus "grandes" secretos, o que en ese momento parecen serlo, ese amigo con el que jugas y con el que empezas a contarte todo, ese amigo que con algo de suerte pasa a ser más que un hermano. Y en esta etapa, justo en esta etapa, es cuando un angelito alado llamado "Cupido" se le ocurre atacarnos y lanzarnos sus flechas. En ese momento comenzamos a darnos cuenta del poder que tienen los sentimientos, aunque aún realmente no tenemos la capacidad de razonamiento para saber cuan poderosos son ellos. Pero ahí, en ese momento es cuando los libros quedan tirados en algún rincón de la casa, del auto, del aula y ahí es cuando nuestra prioridad. Es el corazón, todo lo demás puede esperar.

Pero la vida pasa, la vida sigue, la vida va...

Nuestros primeros grandes dolores no son por alguna caída, lastimadura o algún golpe en general. Nuestro primer gran dolor viene siempre de la mano de alguna otra persona. Esa persona con la que se querían tanto que se juraban amor eterno. Pero que la vida te dio la gran lección de mostrarte que no todo es como parece ser. Que a veces hasta las cosas más bellas tienen un final. Pero nos tranquiliza saber, que todo es para mejor. Porque luego de seguro, encontraremos a esa persona que estuvo esperando todos estos años por nosotros, con esta persona construiremos un camino que seguiremos de por vida. Seguramente no será nada fácil, estará cargado de dificultades, pero adelante!, podrás sacar a flote ese amor que llevas dentro y el camino se construirá hasta no tener fin, no, en esta vida.

Pero la vida pasa, la vida sigue, la vida va...


Luego vendrá esa etapa donde se repetirá todo este ciclo que les he contado, pero de distinta forma, de una forma única, porque cada persona es única. Claro, hablo de nuestros hijos, que luego de hacer todo este camino, ellos habrán de partir hacia su propia independencia. Pero regresarán, regresarán lo más seguro que con algún nieto parecido a vos. Que felicidad debe ser ese momento, cuando ves que todo tu trabajo dio un fruto y no económico, sino de vidas.

Recordarás cuando pasaste por tu infancia, tu niñez, tu adolescencia y tu juventud y ahí, al ver a tus hijos y nietos, al ver tanta juventud, seguramente una lagrima se desprenderá de la retina de tus ojos, recorrerán tus cachetes, pasará por tu cuello y finalmente bajará hasta el corazón donde se perderá.

La pregunta es, esa lagrima. ¿Será de felicidad? o ¿es una lagrima que se escapa pensando en que se acerca el final de este ciclo?

La vida pasa, la vida sigue, la vida va...

 -Nahuel Sotelo



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